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La Educación como paracaídas

La Educación como “paracaídas”

 

La educación se ha ido configurando en una herramienta esencial para acceder tanto al trabajo como a mejores salarios y cobertura social. Según Filmus (D.1994)  “¿ Qué papel juega la educación en contextos en los cuales el mercado de trabajo muestra marcados signos de deterioro? Un conjunto de investigaciones realizadas los últimos años muestran que en circunstancias como las señaladas la importancia de la educación para obtener mejores posiciones laborales se acrecienta” En esta sección nos dedicaremos a explicar las consecuencias en la estructura social argentina de la devaluación de la educación. Comenzaremos con un panorama general de  la situación social de nuestro país  y proseguiremos conjugando el tema de estudio con el escenario presentado en precedencia. Plantearemos una hipótesis sobre el devenir de los hechos y concluiremos con algunas propuestas  afines.

            A fin de analizar la pobreza tomaremos como herramienta metodológica los índices de pobreza e indigencia que establecen las líneas homónimas constituyen el método indirecto del INDEC por enfocarse hacia el ingreso de satisfacción de las necesidades básicas del hogar. La línea de indigencia se calcula mediante una canasta básica de alimentos a precios corrientes, para obtener la línea de pobreza se le agrega a la CBA  un componente de gastos no alimentarios.  Debemos recordar, no obstante, que existen varias críticas en relación al método de “contar cabezas” que utilizaría el instituto y la dificultad de calcular los valores nutricionales de la canasta . Por lo tanto, dejamos en claro el carácter no totalizador de los datos y nos permitimos hacer algunas aclaraciones y ampliaciones de los mismos.

            En la última década se nos presentan tres ciclos de 1991 a 1994 en que los índices  se reducen hasta el mínimo de 11,9 %  de pobreza  y 2.6% de indigencia en los hogares registrados en mayo de 1994.  Entre auges aparece el período 1994-1996 con un fuerte deterioro del 7.9% en el caso de la pobreza y un 2.5% de la indigencia.  Es el turno del auge, 1996 hasta 1998  se reducen las tasas pero no llegan a contrarrestar el estrepitoso ascenso anterior. Llegan a disminuir en un 2% la primera y un 1% la segunda. Nuevamente en crisis nos encontramos con una subida sin descanso de los indicadores hasta los escalofriantes  valores del  2002 que llegan a un 42,3 % de los hogares bajo la línea de pobreza y un 16.9% en indigencia. Los valores por individuos no varían sustancialmente por lo que hemos decidido tomar los datos de hogares.

Hayamos valioso comprender los orígenes de estos números por lo que descompondremos las variaciones del índice de pobreza en el efecto ingreso medio o “crecimiento”  y el efecto distribución. De acuerdo a Damill, Frenkel y Mauricio (2003), el primero de ellos se define como el cambio en la pobreza debido a las variaciones en el ingreso medio estimado manteniendo constante su distribución inicial (la curva de Lorenz). Por otro lado, el “efecto distribución” cuantifica las variaciones de la pobreza originadas en cambios distributivos, estimadas con un ingreso medio constante. El efecto “crecimiento” puede a su vez ser descompuesto en un “inflación”  y un efecto “ingreso nominal”. El primero indica cuál habría sido la variación en el nivel de pobreza con ingresos nominales y distribución constantes. El segundo cuantifica el impacto de los cambios en los ingresos corrientes, bajo el supuesto de estabilidad de precios y de la distribución.

 


En el primer período de nuestros ciclos hayamos un efecto de mejora  de las condiciones sociales en el que se conjugan ambos efectos en forma positiva.  El aumento del ingreso real medio en la expansión junto con una distribución más equitativa contribuyen a provocar la fenomenal caída de los índices de pobreza que le da legitimidad al gobierno de turno para seguir con las reformas puestas en marcha. El fenómeno vuelve a repetirse pero a la inversa, esta vez ambos efectos se conjugan pero con mayor fuerza de una redistribución más regresiva  como impulsor del crecimiento de la pobreza de 1994 a 2000. De aquí en adelante debemos incorporar al estudio el efecto inflación que hasta ahora habíamos dejado de lado. En el 2000 todavía hay deflación mientras que del 2001 al 2002 la inflación comienza a influir cada vez más marcadamente. El efecto inflación del 2001 al 2002 marcó un 7,8% y en 2002 un 6,9%.  Asimismo, en la crisis 2001-2002 impactó la reducción de los ingresos medios reales especialmente en el primer año al sufrir un efecto del 12.1% en su contra.

 


El corolario de todo este análisis es que nos encontramos luego de una crisis en que 54,3% de los individuos no alcanzaban a cubrir el ingreso necesario para satisfacer sus necesidades básicas y un 24.7% no podían acceder a la canasta básica de alimentos.  Fue una década que si bien nosotros planteamos dividirla en ciclos para facilitar el análisis,  se caracterizó por deteriorar las condiciones de vida de la sociedad por medio de una distribución regresiva  del ingreso, caída de salarios y una baja elasticidad “empleo producto” incluidos los momentos de expansión de la economía que hubieran contrarrestado los efectos de las crisis. Nos enfrentamos a un problema de índole muy especial que merita tratar  a la “pobreza como una cuestión social”

 

Es de índole central plantear que la exclusión tal como lo expresa Robert Castel (1997) “es siempre el resultado de procedimientos oficiales y representa un verdadero status. En una forma de discriminación negativa y obedece a estrictas reglas de construcción” o como afirma el mismo autor en (1995) puede haber  clases o grupos cuya trayectoria común  no culmina en porvenires idílicos, sino que soportan, por el contrario, la parte más gruesa de la miseria del mundo.  Hay grupos en situación de movilidad descendente cuya común condición se degrada”.

Una característica básica, según Castel (1997), es la separación de estos individuos a los márgenes de la ciudad como determina su nombre de marginados o sea a las afueras de la ciudad. Surgen de esta forma las villas de emergencia que han y siguen proliferando especialmente por el conurbano bonaerense que conforman dos polos opuestos con los barrios privados del otro extremo de la sociedad. Como el agua y el aceite ambos fenómenos de aislamiento se enfrentan conformando una estructura social sectorizada. Otra serían “las políticas de discriminación positiva” basadas en los subsidios  los llamados   “ingresos mínimos  de inserción” (RMI) que apuntan a una visión de los pobres como un “conflicto” o como “la raíz de la inseguridad” que deriva en la exclusión. Hasta que no se considere al pobre como parte de la sociedad y no como una falla a remendar no se habrá planteado dignamente a la pobreza.

Otra faceta de la pobreza es la vulnerabilidad social encarnada por la “caída de la sociedad asalariada”[1]. La extinción del empleo pleno  sumado al desempleo  están  íntimamente ligados con la caída de los ingresos medios observada  previamente entre otras razones por la pérdida de poder en la negociación salarial por parte de los trabajadores. Veamos como variaron los porcentajes de empleados plenos en la última década. Corroborando nuestra hipótesis del ’90 al ’94 refleja un alza llegando posteriormente en 1996 al valor más bajo del período. Acompaña el auge y la recesión desde 1998. De hecho en el 2005 según fuentes del INDEC EPH la tasa de desocupación para los hogares pobres es del 20,3% dentro de la cual un 16,7% corresponde a hogares pobres no indigentes y un 27,7% a hogares pobres indigentes.

           

            El desempleo de masas es una de los problemas más acuciantes en nuestro país en estos días. La imposibilidad de reinserción al sistema de gran porcentaje de la población por  el rol de marginado debido a su carencia de medios para incorporar las calificaciones necesarias para conseguir un trabajo se ha profundizado con el proceso de  devaluación de la educación.  La economía tiende en sí a requerir siempre mayores aptitudes frente al progreso y desarrollo de la tecnología.  Se requiere de mayor especialización y profesionalización en detrimento de las laborales manuales de escasa formación. Elevadas tasas de desempleo tienen también  como consecuencia una búsqueda de más credenciales para competir por el puesto. Al incrementarse la formación requerida  cada vez un mayor número de personas va quedando excluida del sistema por no poder cumplir con los requisitos demandados.


“Con un poco de atraso se empieza a advertir que lo que se juega a través de la mutación del capitalismo que ha comenzado a producir sus efectos a principios de la década de 1970 es fundamentalmente la imposición de una movilidad generalizada de las relaciones laborales, de las carreras profesionales y de las protecciones asociadas al estatuto del empleo. Dinámica profunda que es, simultáneamente, de descolectivización, de reivindicación y de aumento de la inseguridad”[2]. La vulnerabilidad social  es por lo tanto uno de los problemas más determinantes de la estructura social argentina.  Si calificamos a los vulnerables como  los empleados no plenos más los desocupados obtenemos datos de vulnerabilidad shockeantes.

En el siguiente gráfico extraído del INDEC  vemos como la subocupación ha crecido sostenidamente aunque más cautamente que el desempleo que presenta altos picos en las crisis. La elasticidad empleo producto decae dando lugar a una época en la que las altas tasas de crecimiento no están relacionadas con aumentos en el nivel de empleo. Al aumento del desempleo producido por la privatización de las empresas públicas se suma la política de liberalizar el mercado de trabajo que se suponía sería una medida para aumentar el empleo en la región. “ La Reforma Laboral ... descansa en la flexibilidad contractual, en la desregulación y en la reducción de los costos patronales  en aportes y en seguridad social a fin de crear condiciones favorables para modernizar las relaciones laborales acordes a la reestructuración económica y fomentar así el empleo”[3] Los cambios en el mercado de trabajo marcan un deterioro salarial y la entrada de miembros del hogar que anteriormente se mantenían inactivos. Los hogares que se sostenían con el ingreso del jefe de familia comenzaron a necesitar los ingresos de los otros miembros del hogar que por costumbre se mantenían en el seno del hogar o comenzaban a trabajar luego de terminar su formación académica. Sin embargo, fruto de la desesperación las familias buscaron una solución en  la educación creyendo en la teoría del capital humano que determina que si se elige entre hacer una inversión en educación sacrificando ingresos presentes se podrá conseguir en el futuro una mejor posición económica.

El panorama de pobreza, indigencia, exclusión y vulnerabilidad social expuesto en esta sección se une a la devaluación de la educación al convertirse la educación como lo señala el título en un “paracaídas” frente al salto al vacío al que se ven expuestos los argentinos en una realidad como la planteada. En las anteriores secciones del trabajo expusimos como los niveles de educación crecieron pese a la coyuntura social  negativa especialmente por un deseo de progreso. Sin embargo, no nos olvidemos de la inequidad de la educación presente mayormente en los estratos más bajos.

El título secundario ha perdido el valor que ostentaba para acceder a empleos plenos frente a los títulos terciarios y universitarios. La educación universitaria mantiene todavía sus privilegios en la fila del desempleo pero sin poder enajenarse de la situación. El primario es recurso casi excluyente para cualquier trabajo y la especialización en materia formativa se vuelve cada vez más en una necesidad. El número de Masters y Posgrados que se han creado y el éxito que han tenido en la demanda de la población es destacable. Los requisitos para acceder a un puesto de trabajo son paulatinamente mayores sin embargo el salario percibido no aumenta acorde a los requerimientos. La educación se ha convertido en manos de los empleadores de un arma de exclusión.

 

Giselle Zarlenga


[1] Castel, Robert. “La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica de la sociedad asalariada” Editorial Paidós, Madrid (1995).

[2] Castel, Robert. “ La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del asalariado”. Editorial Paidós, Madrid, 1995.

[3] Revista Lavboratorio Nº 14. Instituto Gino Germani., FCSoc., Buenos Aires, invierno 2004.

 

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